Son las cuatro y media de la
tarde, el mejor sillón del mundo me espera en un cuarto decorado con libros, fotografías,
dibujos pintados en la pared y juguetes, simplemente un lugar donde yo me
conecto con mi niñez, adolescencia y presente.
Estoy listo para recordar
cada proceso de mi vida con ansiedad y preparado para conectar
mis pensamientos y mi alma con una irrealidad que me envuelve en mundos ninjas, místicos
y fantásticamente divertidos. Observó unos juguetes que se encuentran encima del
televisor con formas muy exageradas pero muy agradables, del cual hacen parte
importante de esa irrealidad conocida como el Anime. Donde siento que ese mundo
no son solo muñecos a lápiz y con movimiento, sino que obtienen un valioso
sentido cultural y de identidad.
Después de mirar aquellos
juguetes durante tres segundos, me
preparo para abandonar mi presente, mis deberes y pensamientos para
transformarme en un dibujo más. Para eso me acuesto en el mejor y cómodo sillón,
aviso a mi madre de no interrumpir mi viaje místico y sin más peros prendo el
computador para alcanzar a coger el tren de las aventuras, batallas infinitas,
arte y cultura japonesa. Donde mi vida se identifica y se satisface con la
creatividad e historia que tiene cada lápiz, línea, dibujo y las actividades que
deben hacer aquellos personajes con ojos exageradamente grandes y colores
raros.
El anime es la creación de dibujos animados de
estilo “cartoon en ingles” pero de procedencia japonesa. Es un gran medio de expresión
en Japón, donde en los últimos años se ha considerado como un fenómeno cultural
en la mayoría del mundo, atrayendo a niños, adolecentes y adultos debido a su
gran variedad de contenidos e historias. De este medio cultural también se
desprende el manga” historietas” que son también de gran uso y comodidad por
todos sus seguidores.
En el momento en que llega
el tren y abre sus puertas dándome la bienvenida, mi cuerpo y mi ser comienzan
a evolucionar de una manera sorpréndete, mi piel cambia a un color morado, de
mi espalda sobresalen alas de colores, el cabello coge una forma totalmente
desordenada y sin faltar lo más característico,
mis ojos crecen exageradamente y cambian a un color rojo, anunciado que llegó
el momento de disfrutar y vivir en fantasía y no en realidad.
Ya siendo un dibujo animado,
me preparo para pelear, navegar mares en búsqueda de tesoros y para salvar
princesas o personas de un ataque Zombie, simplemente mis sentidos de niño
derrumban los comportamientos y carácter de una persona de 20 años de edad,
corriendo el riesgo de pasar sin temor de golpearse o de quedar prisioneros de
la cárcel de la negación de volver hacer niños.
En el
momento que el tren coge rumbo conmigo, recuerdo el día donde mi vida estuvo
frente a frente con el anime, en ese entonces yo tenía ocho años de edad y
siempre veía a mis tíos, primos y amigos frecuentemente concentrados en las
horas de la tarde de todos los días, mirando una clase de dibujos raros peleando imparablemente, generando en mi que esa clase de dibujos animados “anime”
eran solo cosas aburridas y sin sentido.
Esos pensamientos cambiaron
totalmente, en un momento donde vi esa misma tarde, la transmisión de un programa de mascotas tiernas, con formas raras y con
poderes como lo fue Pokemón, fue ver mis gustos por los animales plasmado en
dibujos combinados con una imaginación increíble.Desde esos momentos, aquellos sueños hechos a lápiz y a
color se convirtieron en mi espejo de lo que soy y de mi diario vivir.
Llegan las cinco de la
tarde, el tren se devuelve al paradero porque debe descansar para inventar
nuevas historias. En el momento que abre de nuevo sus puertas, yo me bajo
lentamente y mi evolución comienza a desvanecerse poco a poco hasta devolverme
en aquél sillón donde observo aquella patalla del computador. El tren coge rumbo
infinito, se lleva la fantasía, emoción y la irrealidad por ahora, porque volverá de nuevo siendo mi
espejo de historias, colores, magia y sin faltar la energía de su creatividad “mi identidad”.
Escrita por : Jhon Fredy Rodríguez Méndez
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